Himno, de Óscar Ruvalcaba

Por  Rosario Manzanos

México D.F., 22 de octubre (apro).- Óscar Ruvalcaba es un coreógrafo prácticamente desconocido en México; no obstante, por su talento, merecería estar en la primera línea de los mejores artistas de la danza de México.

Surgido del ballet, es él uno de los pocos creadores que domina el vocabulario y el lenguaje de este arte, en el que pareciera ser que no hay nuevas voces en México.

De personalidad jovial pero terriblemente tímido, Ruvalcaba es un solitario que dio sus primeros pasos en Guadalajara, para luego integrarse a la Compañía Nacional de Danza (CND) del INBA en la que permaneció durante varios años.

Ahí inició como coreógrafo, hasta que Cuauhtémoc Nájera, director de la CND, lo convocó para que hiciera algunos trabajos sencillos y posteriormente para la producción de gran formato Dido y Eneas que dio un giro brutal a las producciones resguardadas como repertorio de la agrupación de ballet más importante del país.

Fue tal su éxito que la producción viajó al extranjero y obtuvo críticas de muy alto nivel. después de sus presentaciones en el Kennedy Center de Washington D.C.

Pero como sucede siempre en sistema político nacional, una vez que salió Nájera de la CND, su nuevo director Dariuz Blajer encabezó una campaña para borrar los éxitos de su antecesor y sacó del repertorio las piezas de Ruvalcaba.

Como sucede con cierto tipo de artistas de la danza como Rolando Beattie, Ruvalcaba decidió retraerse hacia su propia investigación de movimiento y tratar de vivir fuera del mundo gubernamental. y ser él mismo el responsable de contratar a sus propios bailarines y auto producirse las obras que desea montar.

Con pocos apoyos y una beca de creador artístico del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) que obtuvo hasta hace muy poco tiempo se lanzó a confrontarse como artista.

Y como declaró en una mesa redonda en el teatro Raúl Flores Canelo del Centro Nacional de las Artes en donde se presentó Himno, hace algunas semanas, en relación a los obstáculos que tuvo para hacer su obra: “Los peores demonios con los que hay que luchar es con los que trae uno adentro”, minimizando así la circunstancia de haber carecido de los recursos más apropiados para producir su trabajo.

Himno es una dualidad. Es el ying y el yang en escena representados como los dos universos de Ruvalcaba. A manera de un exorcismo o una expiación el autor de Monalisa Madre Tierra parece haber pasado una larga temporada en alguno de sus infiernos y en alguno de sus paraísos. Dos fuerzas antípodas pero, por supuesto, de igual fuerza cada una fueron interpretadas por una camada de nuevos bailarines de largo alcance y que se perfilan como grandes artistas, como es el caso de Marco Antonio Barroso, egresado de la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello.

Con ciertos elementos de la técnica del release, aunque muy imbuidos en el vocabulario que el propio Ruvalcaba ha diseñado a través de su conocimiento del ballet, Himno muestra la eficiencia del artista para desarrollar secuencias de movimiento que lucen como una suerte de virtuosismo pero que en el substrato buscan mostrar al espectador la dualidad de los personajes, lo contradictorio de muchas de sus acciones y lo inesperado que es el momento de la reconciliación con lo que más se odia, o se teme.

La propuesta de Ruvalcaba tuvo apenas unos días en el teatro Flores Canelo y por supuesto, sin publicidad. Un filón de oro que una vez más las autoridades culturales dejan pasar de largo mientras  siguen  llenando informes de Hacienda con cifras alegres del supuesto cumplimiento de su trabajo.

 

Fotografía: Óscar Lara Equihua