Lin Durán

Lin Durán, máxima promotora de la técnica Limón en MéxicoPor Gabriela Jiménez Bernal

Hace poco más de medio siglo, la historia de la danza mexicana registró la presencia de una mujer que sería clave en el desarrollo de esta disciplina. Se trata de la maestra Lin Durán, una figura ha dado su vida por el arte del cuerpo en movimiento.

Durán sigue siendo una referencia obligada para el entendimiento de la danza mexicana. Por ello, recientemente fue merecedora de la Medalla INBA-José Limón, que sólo se entrega a las figuras más destacadas en este ámbito.

No obstante que la ex bailarina confiesa con humildad que los reconocimientos recibidos han sido más por su antigüedad dentro del gremio que por sus méritos, es justo mencionar los aportes que ha hecho a la actividad dancística nacional.

En principio hay que señalar que Lin Durán (Chihuahua, 1928) se enamoró de la danza desde muy pequeña. El primer acercamiento fue con el ballet; sin embargo, en la juventud descubrió que la danza moderna era su ideal forma de expresión.

La entrega que demostró durante su formación le permitió estar con los grandes. Basta mencionar que fue discípula de Seki Sano y Waldeen. Además, tuvo el privilegio de ser solista de la que ha sido la agrupación más importante en nuestro país: el Ballet Nacional de México, fundado por Guillermina Bravo; ahí permaneció hasta 1960.

Durán fue una de las iniciadoras de la Academia de la Danza Mexicana, uno de los centros de formación más importantes en nuestro país, y que el año pasado celebró el 60 aniversario de su fundación.

Sin lugar a dudas, la mayor aportación de Durán fue la enseñanza y divulgación de la Técnica Limón en nuestro país. Una tarea nada sencilla si tomamos en cuenta que su fundador trabajó en el vecino país (Estados Unidos), por tanto, su propuesta no era nada conocida en nuestro territorio.

Cuando la maestra tuvo la oportunidad de conocer a José Limón en Nueva York, se dejó cautivar por su técnica. Así que, tras su regreso a México a finales de los setenta, decidió promoverla e introducirla en la formación de las nuevas generaciones de bailarines, aprovechando su estancia en la Escuela de Danza Contemporánea.

Se dice que fue con el apoyo de Carmen Romano de López Portillo, que Durán pudo traer varios maestros de la Técnica Limón a tierra azteca. Tales instructores compartieron su experiencia en las aulas del Centro Superior de Coreografía (Cesuco).

Por esa razón, se ha catalogado a la maestra Durán como la principal promotora en México de dicha técnica, la cual se basa primordialmente en la respiración. Tal práctica apela a un trabajo de suspensión y caída del cuerpo en el espacio; se aplica muy cerca del piso, dejando que los impulsos lleguen hasta sus últimas consecuencias y sea el resultado del movimiento. También apuesta a la calidad del movimiento y al manejo del ritmo, lo que le permite al bailarín conocer a fondo su cuerpo para realizar estas especificidades.

Otra faceta importante de la maestra Durán ha sido como investigadora. Ha sido una de las pioneras en este terreno, ya que fue directora en sus orígenes del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza “José Limón”, donde ha encausado toda su energía a favor de la danza.

Dicho Centro le publicó en las décadas de los setenta y ochenta sus libros “La humanización de la danza” y “Manual del Coreógrafo”. Más tarde, realizó su texto más ambicioso: “Caleidoscopio de la forma artística”.

En vista de su incansable pasión por la danza, en este momento se dedica a organizar cursos sobre teoría y docencia de la danza contemporánea. Además, lleva a cabo el proyecto de investigación “Luis Rivero: El músico creador de Danzas”.